OJO POLÍTICO

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Por: Ramon frias
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Por: Ramón Frías Frías

•  Sin culpa

.- Para las represión salió bueno el sheriff designado por Enrique N, quien con garrote y escudo combatió la defensa de los habitantes de colonias aledañas al Parque Liberación, nombre oficial y mejor conocido como El Deán.

Los indefensos vecinos habían asegurado que no permitirían el derribo de un solo árbol, mucho menos la destrucción de áreas verdes, para una supuesta ampliación del vaso regulador, pero desgraciadamente con la desaparición del único pulmón de toda la zona industrial.

Habían dicho que impedirían los trabajos de tala, pero los hechos fueron consumados bajo las sombras de la noche y para el sábado, el desértico panorama era desolador, lo cual propició enfrentamientos con los guaruras de Salvador Caro, el bloqueo de importantes vías y finalmente un diálogo de sordos.

En principio hubo remoción de basura y lodo, como huella de la temporada de estío y ligeras lloviznas. Los vecinos observaron las obras de desazolve y mampostería, en lo cual estaban de acuerdo, no así en la ampliación del vaso regulador.

A lo largo de la pista de trote, no había señal de que desapareciera algún árbol, pero sí observaron como amenaza, la marca con pintura de colores, con la posibilidad que luego fue real, del derribo de los productores de oxígeno en la ya de por sí contaminada zona industrial.

“Nosotros no estamos en contra de las obras que realiza el Ayuntamiento en beneficio de los colonos pero sí estamos en contra de los atropellos que van a hacerle a nuestro parque como es la destrucción de los árboles, la destrucción de la cancha de futbol, en eso no estamos de acuerdo que nos lo quiten”, aseguró.

El primo Enrique N les había prometido que los árboles serían replantados en otra parte del mismo parque, algunos de ellos ya secos y que debían desaparecer, aunque dicen los vecinos los dejaron secar.

Los engaños de Enrique N convencieron a los vecinos de no bloquear las obras de desazolve y construcción de un muro de contención, pero sin información de las intenciones del primo de la rusa, a quien no creen que dichas obras eviten las inundaciones.

Afirman los vecinos que las hordas de Enrique N, tal vez suponen que para trasplantar los árboles debían cortarlos de tajo y resucitarían luego de ser convertidos en leña, al fin que ahí tenían a las flotas de Salvador Caro, armados con equipo antimotín y gases lacrimógenos, fiel a su estilo en la represión de hace un año en perjuicio de los comerciantes.

El alcalde de Guadalajara Enrique N, montado en su macho ruso, dijo luego de los zafarranchos de los vecinos con las flotas del sheriff, cantó de nuevo su canción favorita: “detrás del movimiento de vecinos hay fines políticos”.

La respuesta de los vecinos fue las amas de casa, quienes desmintieron la versión del edil, se lamentaron y lamentaron que otra vez Enrique N las engañó como en el hecho de la prima rusa, porque en vez de los trasplantes de árboles en la misma zona, los trogloditas arrasaron con los árboles, algunos con décadas de vida y otros más jóvenes, pero todos con producción de oxígeno para las colonias aledañas al sufrido parque.

Enrique está muy enojado, les dijeron a los vecinos la tarde y noche del viernes y sufrirían las consecuencias y como el anuncio de los niños llorones, ahora sí les darían motivo para llorar de verdad y sentenciaron que no cederían a los chantajes de los vecinos.

Nada pudieron hacer los vecinos contra los escudos y toletes de los antimotines, quienes solamente atinaron a bloquear los carriles laterales de la avenida Lázaro Cárdenas, porque poco después llegarían más policías, cantidad que aumentó todavía más la noche del viernes, pero ya no solamente con escudos y toletes, sino con gases lacrimógenos. Los vecinos ahora sí verían lo que es enfrentar a la autoridad, porque Enrique N es el dueño de Guadalajara.

Para la noche del viernes ya habían entrado al parque hombres de chaleco fosforescente y armados con motosierras y poco antes de la medianoche para entrar la madrugada del sábado, el silencio de la noche se interrumpió con el ruido de los motores de gasolina provenientes de las motosierras. El asesinato se consumaba y los árboles caían, ante la angustia y lágrimas de las peligrosas amas de casa, movidas según Enrique N por intereses políticos.

Las amas de casa rezaron por las ardillas, pájaros y los árboles de diez, veinte y más años de vida, truncada por las motosierras de los señores de casco y la valla humana de cascos, toletes y gases lacrimógenos enviadas por Salvador Caro y su padrino Enrique N, futuros candidatos a presidente municipal de Guadalajara y gobernador de Jalisco respectivamente.

La mentira oficial fue de un árbol de cada diez para talarse, pero los vecinos dicen que son casi 200, mismos que eran protegidos por una endeble cadena humana de vecinos, quienes inútilmente trataron de proteger los árboles de tronco pintado, marca necesaria para el derribe.

La sentencia de crecimiento del supuesto vaso regulador, dicen los vecinos de Higuerillas, Manoletey El Deán, se oponen a la ampliación del vaso regulador porque el aumento conllevará también la hediondera creciente, además de los mosquitos transmisores de las enfermedades conocidas y temidas como el dengue y el zika.

Ya placeado para “arreglar” algunos asuntos como el del impuesto a gasolinas y con la intención de hacerlo candidato a alcalde, el sheriff Salvador Caro fue para “dialogar” con los vecinos opositores a la obra y le mostraron un periódico donde en sus tiempos de regidor, declaraba que la construcción de un segundo vaso regulador en El Deán es “inútil”, ya que los torrentes que cada temporal anegan el lugar, provienen de otras zonas que no están asociadas con el vaso regulador existente.
Dijo el regidor Caro en aquel tiempo y hoy sheriff represor: “El agua rodada que llega, no atraviesa por ningún punto que tenga que ver estrictamente con los canales que ya se tienen en la zona”.

El comentario de Excélsior: Ecocidio. Enrique Alfaro, el alcalde de Guadalajara, Jalisco, tomó la peor decisión. De madrugada, como actúa la delincuencia, ordenó derribar con motosierras más de 200 árboles del parque El Dean. A pesar de que elementos de seguridad estatal, enviados por el comisario Salvador Caro, impidieron el acceso de los ciudadanos, transmitieron un video en el que se observa la caída de árboles y el cerco policiaco. Mujeres lloraban desplomadas mientras informaban por celular lo que no alcanzaban a comprender. ¿Para eso quieren gobernar?, ¿para acabar con los recursos?, ¿para abusar, también aquí, del poder? ¿En manos de quiénes estamos?

Nos leemos mañana.

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